29 de abril “Día Internacional da Danza”

O día 29 de Abril celebrase a nivel mundial o Día Internacional da Danza. Dende A.F.C. ORBALLO transmitimovos a mensaxe oficial que o “Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO” remite cada ano,para ser lido en toda-las celebracións e conmemoracións:

Se vostede busca no Directorio Mundial de Baile con “terapia” como palabra clave obterá 2600 resultados. Esto significa que aproximadamente un de cada cen profesionaiss da danza proporciona algunha forma de terapia. A pesar de que un 0,01% é una porcentaxe moi pequeña, a terapia é, probablemente, a rama de máis rápida expansión da industria da danza. A proliferación de cursos e talleres mostra que o número de terapeutas de baile ten un potencial que duplicase cada ano. Cada vez empleanse máis profesionais cualificados nos hospitais, centros de salud, fogares de persoas de edad avanzada, as prisións ou os centros de salud mental. 

As prácticas privadas multiplicanse, e tamén as escuelas convencionaiss de baile que ofrecen clases de terapia.

Esta auxe podería deberse o feito de que esta terapia a través do baile depende do Ministerio de Saúde en moitos países, polo que a posibilidade de financiación é incomparablemente maior que cando a danza está orientada cara o rendemento ou a recreación. Outra razón é que, nosa forma de vida moderna exclue ás persoas de moitas funcións primarias, a xente está volvendo a descubrir o poder da danza para sanar.

Bailar fai que sin duda, unha persoa sá sentase mellor, pero outra cousa e tratar de aliviar un problema psicolóxico a través da danza. As sociedades tradicionaiss preservan o benestar, proporcionando oportunidades frecontes para bailar en as reunións sociaiss e nos rituais. Debido a que estos eventos foron abandonados a nosa frustración acumolouse, polo que agora diriximosnos ás sesións por parte de profesionais para satisfacer esa necesidad. Danzas específicas utilizáronse para curar algunhas enfermidades. É necesario realizar estudos para averiguar se os bailes poden ser utilizados na actualidade co mesmo propósito.

Aún máis impresionante é o feito de que os pacentes curaronse, no polo seu propio baile, se non polo baile de outra persoa. En moitos países do mundo a xente pide a curanderos, chamáns e bruxos-médicos que continúen as antigas prácticas porque as encontran beneficiosas. Estas danzas, rexeitadas ata agora poas sociedades industrializadas, merecen un estudio serio.

A terapia da danza moderna, aunque dende fai só unhas pocas décadas, desarrollou novas técnicas, sobre a base das prácticas tradicionaiss. Produceuse un conxunto de coñecementos, tanto teóricos como de aplicación, e comprobuse a sua eficacia. Aún queda moito por fhacer.

Urximos ás universidades para por en marcha plans de estudios de danza terapéutica, a os gobernos a recoñecer a os terapeutas de baile como unha profesión distinta e a os organismos de seguridade social para subvenciona-los tratamentos pola danza cando sexan receitados polos médicos, psicólogos e outros terapeutas primarios.

Alkis Raftis

Presidente do Consello Internacional da Danza CID

UNESCO, Paris.

Si usted busca en el Directorio Mundial de Baile con “terapia” como palabra clave obtendrá 2600 resultados. Esto significa que aproximadamente uno de cada cien profesionales de la danza proporciona alguna forma de terapia. A pesar de que un 0,01% es un porcentaje muy pequeño, la terapia es, probablemente, la rama de más rápida expansión de la industria de la danza. La proliferación de cursos y talleres muestra que el número de terapeutas de baile tiene un potencial que se duplica cada año. Cada vez se emplean más profesionales cualificados en los hospitales, centros de salud, hogares de personas de edad avanzada, las prisiones o los centros de salud mental.
Las prácticas privadas se multiplican, y también las escuelas convencionales de baile que ofrecen clases de terapia.

Este auge podría deberse al hecho de que esta terapia a través del baile depende del Ministerio de Salud en muchos países, por lo que la posibilidad de financiación es incomparablemente mayor que cuando la danza está orientada hacia el rendimiento o la recreación. Otra razón es que, nuestra forma de vida moderna ha excluye a la personas de muchas funciones primarias, la gente está volviendo a descubrir el poder de la danza para sanar.

Bailar hace que sin duda, una persona sana se sienta mejor, pero otra cosa es tratar de aliviar un problema psicológico a través de la danza. Las sociedades tradicionales han preservado el bienestar, proporcionando oportunidades frecuentes para bailar en las reuniones sociales y en los rituales. Debido a que estos eventos han sido abandonados nuestra frustración se ha acumulado, por lo que ahora nos dirigimos a las sesiones por parte de profesionales para satisfacer esa necesidad. Danzas específicas se han utilizado para curar algunas enfermedades. Es necesario realizar estudios para averiguar si los bailes pueden ser utilizados en la actualidad con el mismo propósito.

Aún más impresionante es el hecho de que los pacientes se han curado, no por su propio baile, sino por el baile de otra persona. En muchos países del mundo la gente pide a curanderos, chamanes y brujos-médicos que continúen las antiguas prácticas porque las encuentran beneficiosas. Estas danzas, rechazadas hasta ahora por las sociedades industrializadas, merecen un estudio serio.

La terapia de la danza moderna, aunque desde hace sólo unas pocas décadas, ha desarrollado nuevas técnicas, sobre la base de las prácticas tradicionales. Se ha producido un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como de aplicación, y se ha comprobado su eficacia. Aún queda mucho por hacer.

Urgimos a las universidades para poner en marcha planes de estudios de danza terapéutica, a los gobiernos a reconocer a los terapeutas de baile como una profesión distinta y a los organismos de seguridad social para subvencionar los tratamientos por la danza cuando sean recetados por médicos, psicólogos y otros terapeutas primarios.

Alkis Raftis

Presidente del Consejo Internacional de la Danza CID

UNESCO, Paris.

 

Si usted busca en el Directorio Mundial de Baile con “terapia” como palabra clave obtendrá 2600 resultados. Esto significa que aproximadamente uno de cada cien profesionales de la danza proporciona alguna forma de terapia. A pesar de que un 0,01% es un porcentaje muy pequeño, la terapia es, probablemente, la rama de más rápida expansión de la industria de la danza. La proliferación de cursos y talleres muestra que el número de terapeutas de baile tiene un potencial que se duplica cada año. Cada vez se emplean más profesionales cualificados en los hospitales, centros de salud, hogares de personas de edad avanzada, las prisiones o los centros de salud mental.
Las prácticas privadas se multiplican, y también las escuelas convencionales de baile que ofrecen clases de terapia.

Este auge podría deberse al hecho de que esta terapia a través del baile depende del Ministerio de Salud en muchos países, por lo que la posibilidad de financiación es incomparablemente mayor que cuando la danza está orientada hacia el rendimiento o la recreación. Otra razón es que, nuestra forma de vida moderna ha excluye a la personas de muchas funciones primarias, la gente está volviendo a descubrir el poder de la danza para sanar.

Bailar hace que sin duda, una persona sana se sienta mejor, pero otra cosa es tratar de aliviar un problema psicológico a través de la danza. Las sociedades tradicionales han preservado el bienestar, proporcionando oportunidades frecuentes para bailar en las reuniones sociales y en los rituales. Debido a que estos eventos han sido abandonados nuestra frustración se ha acumulado, por lo que ahora nos dirigimos a las sesiones por parte de profesionales para satisfacer esa necesidad. Danzas específicas se han utilizado para curar algunas enfermedades. Es necesario realizar estudios para averiguar si los bailes pueden ser utilizados en la actualidad con el mismo propósito.

Aún más impresionante es el hecho de que los pacientes se han curado, no por su propio baile, sino por el baile de otra persona. En muchos países del mundo la gente pide a curanderos, chamanes y brujos-médicos que continúen las antiguas prácticas porque las encuentran beneficiosas. Estas danzas, rechazadas hasta ahora por las sociedades industrializadas, merecen un estudio serio.

La terapia de la danza moderna, aunque desde hace sólo unas pocas décadas, ha desarrollado nuevas técnicas, sobre la base de las prácticas tradicionales. Se ha producido un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como de aplicación, y se ha comprobado su eficacia. Aún queda mucho por hacer.

Urgimos a las universidades para poner en marcha planes de estudios de danza terapéutica, a los gobiernos a reconocer a los terapeutas de baile como una profesión distinta y a los organismos de seguridad social para subvencionar los tratamientos por la danza cuando sean recetados por médicos, psicólogos y otros terapeutas primarios.

Alkis Raftis

Presidente del Consejo Internacional de la Danza CID

UNESCO, Paris.

 

Si usted busca en el Directorio Mundial de Baile con “terapia” como palabra clave obtendrá 2600 resultados. Esto significa que aproximadamente uno de cada cien profesionales de la danza proporciona alguna forma de terapia. A pesar de que un 0,01% es un porcentaje muy pequeño, la terapia es, probablemente, la rama de más rápida expansión de la industria de la danza. La proliferación de cursos y talleres muestra que el número de terapeutas de baile tiene un potencial que se duplica cada año. Cada vez se emplean más profesionales cualificados en los hospitales, centros de salud, hogares de personas de edad avanzada, las prisiones o los centros de salud mental.
Las prácticas privadas se multiplican, y también las escuelas convencionales de baile que ofrecen clases de terapia.

Este auge podría deberse al hecho de que esta terapia a través del baile depende del Ministerio de Salud en muchos países, por lo que la posibilidad de financiación es incomparablemente mayor que cuando la danza está orientada hacia el rendimiento o la recreación. Otra razón es que, nuestra forma de vida moderna ha excluye a la personas de muchas funciones primarias, la gente está volviendo a descubrir el poder de la danza para sanar.

Bailar hace que sin duda, una persona sana se sienta mejor, pero otra cosa es tratar de aliviar un problema psicológico a través de la danza. Las sociedades tradicionales han preservado el bienestar, proporcionando oportunidades frecuentes para bailar en las reuniones sociales y en los rituales. Debido a que estos eventos han sido abandonados nuestra frustración se ha acumulado, por lo que ahora nos dirigimos a las sesiones por parte de profesionales para satisfacer esa necesidad. Danzas específicas se han utilizado para curar algunas enfermedades. Es necesario realizar estudios para averiguar si los bailes pueden ser utilizados en la actualidad con el mismo propósito.

Aún más impresionante es el hecho de que los pacientes se han curado, no por su propio baile, sino por el baile de otra persona. En muchos países del mundo la gente pide a curanderos, chamanes y brujos-médicos que continúen las antiguas prácticas porque las encuentran beneficiosas. Estas danzas, rechazadas hasta ahora por las sociedades industrializadas, merecen un estudio serio.

La terapia de la danza moderna, aunque desde hace sólo unas pocas décadas, ha desarrollado nuevas técnicas, sobre la base de las prácticas tradicionales. Se ha producido un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como de aplicación, y se ha comprobado su eficacia. Aún queda mucho por hacer.

Urgimos a las universidades para poner en marcha planes de estudios de danza terapéutica, a los gobiernos a reconocer a los terapeutas de baile como una profesión distinta y a los organismos de seguridad social para subvencionar los tratamientos por la danza cuando sean recetados por médicos, psicólogos y otros terapeutas primarios.

Alkis Raftis

Presidente del Consejo Internacional de la Danza CID

UNESCO, Paris.

 

Si usted busca en el Directorio Mundial de Baile con “terapia” como palabra clave obtendrá 2600 resultados. Esto significa que aproximadamente uno de cada cien profesionales de la danza proporciona alguna forma de terapia. A pesar de que un 0,01% es un porcentaje muy pequeño, la terapia es, probablemente, la rama de más rápida expansión de la industria de la danza. La proliferación de cursos y talleres muestra que el número de terapeutas de baile tiene un potencial que se duplica cada año. Cada vez se emplean más profesionales cualificados en los hospitales, centros de salud, hogares de personas de edad avanzada, las prisiones o los centros de salud mental.
Las prácticas privadas se multiplican, y también las escuelas convencionales de baile que ofrecen clases de terapia.

Este auge podría deberse al hecho de que esta terapia a través del baile depende del Ministerio de Salud en muchos países, por lo que la posibilidad de financiación es incomparablemente mayor que cuando la danza está orientada hacia el rendimiento o la recreación. Otra razón es que, nuestra forma de vida moderna ha excluye a la personas de muchas funciones primarias, la gente está volviendo a descubrir el poder de la danza para sanar.

Bailar hace que sin duda, una persona sana se sienta mejor, pero otra cosa es tratar de aliviar un problema psicológico a través de la danza. Las sociedades tradicionales han preservado el bienestar, proporcionando oportunidades frecuentes para bailar en las reuniones sociales y en los rituales. Debido a que estos eventos han sido abandonados nuestra frustración se ha acumulado, por lo que ahora nos dirigimos a las sesiones por parte de profesionales para satisfacer esa necesidad. Danzas específicas se han utilizado para curar algunas enfermedades. Es necesario realizar estudios para averiguar si los bailes pueden ser utilizados en la actualidad con el mismo propósito.

Aún más impresionante es el hecho de que los pacientes se han curado, no por su propio baile, sino por el baile de otra persona. En muchos países del mundo la gente pide a curanderos, chamanes y brujos-médicos que continúen las antiguas prácticas porque las encuentran beneficiosas. Estas danzas, rechazadas hasta ahora por las sociedades industrializadas, merecen un estudio serio.

La terapia de la danza moderna, aunque desde hace sólo unas pocas décadas, ha desarrollado nuevas técnicas, sobre la base de las prácticas tradicionales. Se ha producido un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como de aplicación, y se ha comprobado su eficacia. Aún queda mucho por hacer.

Urgimos a las universidades para poner en marcha planes de estudios de danza terapéutica, a los gobiernos a reconocer a los terapeutas de baile como una profesión distinta y a los organismos de seguridad social para subvencionar los tratamientos por la danza cuando sean recetados por médicos, psicólogos y otros terapeutas primarios.

Alkis Raftis

Presidente del Consejo Internacional de la Danza CID

UNESCO, Paris.

 

If you search the Global Dance Directory using “therapy” as keyword you get 2600 listings. This means that approximately one in every hundred dance professionals provides some form of therapy. Though 0.01% is a very small percentage, therapy is probably the most rapidly expanding branch of the dance industry. The proliferation of courses and workshops shows that the number of dance therapists has the potential to double every year.

Qualified professionals are increasingly employed in hospitals, health centers, aged persons’ homes, prisons or mental asylums. Private practices are multiplying, and so are conventional dance schools offering therapy classes.

This boom might be due to the fact that curing through dance comes under the Ministry of Health in many countries, so the possibility of funding is incomparably higher than when dance is oriented towards performance or recreation. Another reason is that, since our modern way of life has alienated man from primary functions, people are rediscovering the power of dance to heal.

Dancing certainly makes a healthy person feel better, but seeking to alleviate a manifest psychological problem through dance is another thing. Traditional societies have preserved well-being by providing frequent opportunities to dance in social gatherings and in rituals. Since these events have been abandoned our frustration has accumulated, so now we turn to sessions by professionals to satisfy that need. Specific dances have been used to cure some illnesses – research is required to find out if those dances can be used today for the same purpose.

Even more impressive is the fact that patients have been cured not by their own dancing but by the dancing of another person. In many countries of the world people ask healers, shamans and witch-doctors to continue age-old practices because they find them beneficial. These dances, rejected so far by industrialized societies, deserve serious study.

Modern dance therapy, though only a few decades old, has developed new techniques, only partially based on traditional practices. It produces a body of knowledge, theoretical as well as applied, and establishes its effectiveness. Much more needs to be done.

We urge universities to launch dance therapy curriculums, governments to recognize dance therapists as a distinct profession and social security agencies to reimburse treatment by dance when prescribed by doctors, sychologists and other primary therapists.

Alkis Raftis

President of the International Dance Council CID

UNESCO, Paris

 

Si usted busca en el Directorio Mundial de Baile con “terapia” como palabra clave obtendrá 2600 resultados. Esto significa que aproximadamente uno de cada cien profesionales de la danza proporciona alguna forma de terapia. A pesar de que un 0,01% es un porcentaje muy pequeño, la terapia es, probablemente, la rama de más rápida expansión de la industria de la danza. La proliferación de cursos y talleres muestra que el número de terapeutas de baile tiene un potencial que se duplica cada año. Cada vez se emplean más profesionales cualificados en los hospitales, centros de salud, hogares de personas de edad avanzada, las prisiones o los centros de salud mental.
Las prácticas privadas se multiplican, y también las escuelas convencionales de baile que ofrecen clases de terapia.

Este auge podría deberse al hecho de que esta terapia a través del baile depende del Ministerio de Salud en muchos países, por lo que la posibilidad de financiación es incomparablemente mayor que cuando la danza está orientada hacia el rendimiento o la recreación. Otra razón es que, nuestra forma de vida moderna ha excluye a la personas de muchas funciones primarias, la gente está volviendo a descubrir el poder de la danza para sanar.

Bailar hace que sin duda, una persona sana se sienta mejor, pero otra cosa es tratar de aliviar un problema psicológico a través de la danza. Las sociedades tradicionales han preservado el bienestar, proporcionando oportunidades frecuentes para bailar en las reuniones sociales y en los rituales. Debido a que estos eventos han sido abandonados nuestra frustración se ha acumulado, por lo que ahora nos dirigimos a las sesiones por parte de profesionales para satisfacer esa necesidad. Danzas específicas se han utilizado para curar algunas enfermedades. Es necesario realizar estudios para averiguar si los bailes pueden ser utilizados en la actualidad con el mismo propósito.

Aún más impresionante es el hecho de que los pacientes se han curado, no por su propio baile, sino por el baile de otra persona. En muchos países del mundo la gente pide a curanderos, chamanes y brujos-médicos que continúen las antiguas prácticas porque las encuentran beneficiosas. Estas danzas, rechazadas hasta ahora por las sociedades industrializadas, merecen un estudio serio.

La terapia de la danza moderna, aunque desde hace sólo unas pocas décadas, ha desarrollado nuevas técnicas, sobre la base de las prácticas tradicionales. Se ha producido un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como de aplicación, y se ha comprobado su eficacia. Aún queda mucho por hacer.

Urgimos a las universidades para poner en marcha planes de estudios de danza terapéutica, a los gobiernos a reconocer a los terapeutas de baile como una profesión distinta y a los organismos de seguridad social para subvencionar los tratamientos por la danza cuando sean recetados por médicos, psicólogos y otros terapeutas primarios.

Alkis Raftis

Presidente del Consejo Internacional de la Danza CID

UNESCO, Paris.

 

If you search the Global Dance Directory using “therapy” as keyword you get 2600 listings. This means that approximately one in every hundred dance professionals provides some form of therapy. Though 0.01% is a very small percentage, therapy is probably the most rapidly expanding branch of the dance industry. The proliferation of courses and workshops shows that the number of dance therapists has the potential to double every year.

Qualified professionals are increasingly employed in hospitals, health centers, aged persons’ homes, prisons or mental asylums. Private practices are multiplying, and so are conventional dance schools offering therapy classes.

This boom might be due to the fact that curing through dance comes under the Ministry of Health in many countries, so the possibility of funding is incomparably higher than when dance is oriented towards performance or recreation. Another reason is that, since our modern way of life has alienated man from primary functions, people are rediscovering the power of dance to heal.

Dancing certainly makes a healthy person feel better, but seeking to alleviate a manifest psychological problem through dance is another thing. Traditional societies have preserved well-being by providing frequent opportunities to dance in social gatherings and in rituals. Since these events have been abandoned our frustration has accumulated, so now we turn to sessions by professionals to satisfy that need. Specific dances have been used to cure some illnesses – research is required to find out if those dances can be used today for the same purpose.

Even more impressive is the fact that patients have been cured not by their own dancing but by the dancing of another person. In many countries of the world people ask healers, shamans and witch-doctors to continue age-old practices because they find them beneficial. These dances, rejected so far by industrialized societies, deserve serious study.

Modern dance therapy, though only a few decades old, has developed new techniques, only partially based on traditional practices. It produces a body of knowledge, theoretical as well as applied, and establishes its effectiveness. Much more needs to be done.

We urge universities to launch dance therapy curriculums, governments to recognize dance therapists as a distinct profession and social security agencies to reimburse treatment by dance when prescribed by doctors, sychologists and other primary therapists.

Alkis Raftis

President of the International Dance Council CID

UNESCO, Paris

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